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domingo, 19 de febrero de 2012

Una piedra en el camino

A veces en la vida se sufren contratiempos que trastocan nuestros caminos, nos hacen cambiar de opinión, nos cambian interiormente, nos hacen desconfiar demasiado. a mi me acaba de suceder algo inesperado en el medio de Bolivia: tres asaltantes, uno de ellos armado, se hicieron con mi equipaje, y gracias por perdonarme la vida, llevenselo todo, se ve que están bien necesitados.
En plenas fiestas de carnaval de oruro, el segundo mas importante del mundo, mientras la gente se divertía, bebía, quemaba petardos y cohetes, unos hijos de puta me dejaron casi como mama nos trae al mundo, solo con lo puesto, en medio de un país hostil, que rechaza descaradamente a los extranjeros por el hecho de serlo, como si yo por ejemplo, tuviese algo que ver con los españoles asesinos desalmados que invadieron estas tierras para robar y matar, como si 5 siglos de historia permaneciesen estáticos e irreverentes al paso del tiempo.
El caso es que es la segunda vez que paso por el mismo lugar y el segundo robo, el anterior ocurrió hace años y fue mas sutil, pero también se llevaron dinero y buenos recuerdos, como esta vez. en este viaje vi muchos robos, asaltos, atracos, demasiados, se ve que la vida se esta encolerizando por estos lugares del planeta. Aunque son experiencias distintas las que vivimos unos y otros, y no pueden influir mis sensaciones en las demás personas, a mi me hace pensar que tampoco es este el lugar que busco, necesito vivir tranquilo, no mirando hacia atrás, atándome la cámara al cinturón, o comprobando todos los billetes para no recibir los falsos,... la paz y la armonía
que busco debe de estar en algún lado, quizás no en esta parte del planeta, donde los países siguen tratando de emerger económicamente y se desata la misma lucha que he conocido en occidente los años que permanecí allí, ahora decadentes, pero en busca del impulso suficiente para volver a salir a flote y seguir luchando.
Lo único que me queda claro es que todos actuamos, consciente o inconscientemente, como marionetas de los estados que nos utilizan para sus intereses, intereses de unos pocos, para los que pasaremos toda la vida trabajando. Ocurre en todos los lados igual, llámese España, Alemania, Guinea ecuatorial, China, Japón, Bolivia o Brasil.
En algunos países sera mas descarado que en otros, quizás mas encubierto, con mejor cara o peor, según se mire, pero es el mismo perro con distinto collar.
Por esto y otras reflexiones que vengo teniendo en las ultimas horas, rompo mi compromiso con el presente, deshago lo hecho, lo pensado y lo planeado, para seguir buscando, sin tiempo para quedarme. El viaje estaba siendo fantástico, lleno de descubrimiento y conocimiento, pero alterado  por bastardos desconocidos que rechazan la vida, que nunca podrán ser felices porque suplen sus necesidades con el daño a otras personas. Cada cual con lo suyo.
No es un punto final al viaje, si no un punto y aparte, un cambio de perspectiva, la desconfianza que me inyecta el hecho en si, espero poder superarla con el correr de los días, seguiré viajando hacia el norte hasta donde se unen los estados, de allí viajare, al otro lado del mundo, en ese proceso de tiempo ocurrirán cosas que me harán cambiar de opinión, cosas buenas o muy buenas, estoy seguro, además con mucho peso menos que limitaba mi libertad. No hay mal que por bien no venga.
Y como se suele decir, lo que no te mata, te hace mas fuerte, y ya ocurrieron muchas en la vida que hubo que ir superando, porque al que anda le pasa, no quiero dar ningún tipo de lastima, ni nada que se le parezca, yo estoy feliz, fuerte mental y físicamente, y voy a seguir adelante, porque de todo se aprende, de lo malo mas que de lo bueno.
No quiero influenciar en nadie para futuros caminos a recorrer, cada persona debe vivir su experiencia, nadie puede beber de las vidas de los demás.
Pospongo este blog momentaneamente, hasta que vaya recuperando mi estado emocional habitual, y algunos de los enseres que me permiten seguir trabajando en lo que amo y me apasiona.
Hasta próximo viajes.

martes, 24 de enero de 2012

Alas nuevas de libertad

Este año los reyes magos de oriente han sido excepcionalmente generosos conmigo. Han debido pensar que a lo largo del año he sido niño bueno, que me he portado bien con mis allegados, que he ayudado y colaborado en lo que he podido, que no me he quejado ante nada ni nadie a sabiendas que hay muchos niños que están mucho peor que yo, la mayoría de los niños del mundo están peor, han tenido menos “suerte” de nacer en lugares menos “privilegiados”. No creo que haya hecho nada especial este año pasado, otros años he sido más bueno, me he portado mejor, y no me han dejado nada en el zapato derecho que dejo todos los años delante de la puerta del balcón.
Siempre creí que a mi casa llegarían antes que a las demás, que sería una de las primeras en presentarse, no por ser mejor ni peor, no, nada que ver, si no porque frente al balcón, a un escaso metro, se encuentra un tejado del que es fácil saltar, aunque debo confesar que me hacía un lio pensando que con tanta ropa, sotana, capa, corona y demás indumentaria, no debe ser tan cómodo dar el paso, incluso alguna vez pensé que sería fácil que el rey mago cayera por el hueco que queda entre el tejado y el balcón. A mi casa siempre vino Baltasar. A las demás casas, con lo altas que quedan, no habiendo donde apoyarse, ni de donde saltar, yo, si fuese ellos, no me atrevería.
Este año me han regalado unas alas nuevas, blancas, relucientes, preciosas. Estoy loco por probarlas. Las viejas estaban demasiado gastadas, habían llevado bastantes golpes, bastante trote estos últimos años, ya no tenían la misma autonomía de vuelo, no alcanzaban la misma velocidad que al principio de probarlas, habían perdido plumas y se veían un poco sucias, no se pueden lavar.
Tienen una característica especial que no tenían las otras: no se puede retroceder con ellas por el camino andado. Si no se respeta, hay que abandonarlas y seguir a pie. Si se atraviesa un océano con ellas, obligatoriamente hay que volver al punto de partida dando la vuelta al mundo por el otro lado. Tampoco se debe mirar hacia atrás, este no es requisito fundamental, pero conviene para conservar el equilibrio en vuelo. Quitando estas dos cosillas, funcionan igual que las dos anteriores.
Se han portado bien conmigo los reyes magos de oriente. Me han regalado libertad, eso que tantas veces no se puede comprar ni con dinero. Me han debido ver triste, desubicado, monótono, descontrolado, que se yo.
Debo confesar algo: en la madrugada del día de reyes, escuché un ruido y me levanté de la cama. Llegué hasta la puerta de la cocina, donde se encuentra la puerta que da acceso al balcón. No era un rey, sino una reina. No era negro, si no blanca. Era mi mami. Estaba dejando mi regalo envuelto en un bonito papel. Ví que se había bebido el vaso de leche, incluso el agua de los camellos no estaba en su sitio, donde la dejé unas pocas horas antes. Así descubrí que los reyes no existen, en mi caso existe una reina, que me hace regalos como el que les comentaba. Me regala libertad. Me apoya en mis arriesgadas decisiones,  en mi forma de encarar a la vida, me ayuda para hacer mi vida original y creativa.
¿Que si dependo de ella? Supongo que no, me siento tan libre que ni tan siquiera de ella, si no estuviese, los recursos serían otros, las formas y los caminos distintos, debo confesar que me encanta que esté por aquí, ayudándome con los remos, remando hacia el mismo lado, sin cuestiones ni preocupaciones. La vida es demasiado linda para andar perdiéndola por el camino. Vayamos al grano. Por ahora, es momento de seguir volando. Disculpas por no girarme para despedirme, debo mantener el equilibrio en el vuelo.

lunes, 23 de agosto de 2010

Manila, sin Leyes ni Reyes


Se aproxima la noche y el sol se desvanece como cada día frente a Manila. Sus últimos rayos oblicuos tiñen la atmósfera con una gama de rojos preciosos. Transeúntes despreocupados deambulan por el paseo buscando el fin de la jornada.

Farolas multicolor adornan un malecón en armonía con sus sombras. Manila no es una de las ciudades más pulcras, y la construcción desmedida no respeta costas, paisajes o el verde que crea sosiego. Los residuos son un problema y ni el más audaz de los peces, pasado de copas, se atreve a entrar en la bahía. En el sitio del mundo más superpoblado, es difícil, identificar el agua con el color celeste cuando los ojos la reconocen negra.

En el mundo los problemas creados por el tráfico se multiplican y de esa situación tampoco escapa la capital Filipina. Incluso si fuese un hormiguero, tendría más sentido. La vida es injusta y no hay habitaciones para todos. Sin recursos y con un promedio de seis hijos por familia, hay que saber acomodar en algún sitio los huesos.
Entre los decadentes están los que se hicieron un espacio en el cementerio, no para morir, sino para vivir entre los muertos. Los que no consiguieron ni tan siquiera eso, son nómadas urbanos, que durante las horas de luz recorren las calles en busca de algo… hasta que les sorprende la noche. Entonces exhaustos imaginan su vivienda y duermen en una acera hasta el nuevo día.

Ver a los niños pedir, es duro, entender cómo sobreviven en esas condiciones imposible. Una familia, un ejemplo, a cada paso hay cientos. Un jovencito, descalzo, demacrado y muy sucio se acerca a un forastero con un vaso de plástico, en la mano, unas pocas monedas reposan en el fondo, pero son tantos que necesitarían una donación de un banco. La gente que tira hacia adelante, por decirlo de alguna manera, en esas condiciones, peleará en dos guerras, contra la miseria de día y contra ratas de noche.

Una noche, por esas latitudes, mis ojos captan una escena, un cuadro de tristeza que nada, ni nadie podrá quitar de mi galería. Porque yo quiero que esté presente en mi mente, hasta que el mundo cambie, hasta que todos tengamos mejores posibilidades. ¿¡Qué iluso!? Tres de la madrugada, el bebé despierta y rompe en sollozo, la criatura estaba apoyada en la acera, todos dormían y ella despierta. No me atrevo a decir que tenía tres años, muy poco pesaba. No se pone de pie, por el suelo llega al recién nacido y sin protesta alguna, lo levanta con esfuerzo y de rodillas entre sus brazos lo acuna.

A pocos metros de aquí, bares, discotecas a rebosar de residentes y turistas que los frecuentan. Otra situación, otra realidad, alcohol y prostitución, en esto hay que decir que el mundo es un tablero y los cuadros son todos los mismos. En barrios como Malate, todos los días son sábado y cascadas de cervezas riegan en continuidad las barrigas. Parte de la sociedad está inmersa en un mecanismo, en época de vacas flacas, siempre, las muchachas que hacen la vida reinvierten sus beneficios con la esperanza de que entre bebida y bebida aparezca una buena presa.

La noche irradia cierto tono de frescura y locura. Los complejos quedan ocultos en una ciudad en la que todo vale, en la que todo es posible por un precio. Un amigo me dijo: “¿Y tuviste que ir tan lejos para averiguar eso? Es que aquí sobrepasa los límites. Está aclarando llegamos a un bar de la calle y vemos a bandas de mendigos desplegando trucos y mercadeo variado. Recorren las terrazas y se aproximan a la mesas.

Pequeñas a distancia de hacerse señorita se aproximan a los blancos, así le llaman a los venidos de América o Europa. Ellos pasados de copas, ellas les acarician el cabello, le entregan miradas y buscan ser cazadas como ovejas, cuando con su edad, a esa hora de la madrugada debería estar en la cama para mañana despertar e ir a la escuela. ¿A qué escuela van esas niñas y los miles que ellas representan? ¡Qué escenario! No estudian pero alguien ha hecho escuela en ellas, persuadir a su objetivo, significa ayudar a su familia. Con los muchachitos más de lo mismo, dinero por…

Una muralla, un fuerte, edificios coloniales y la iglesia son la esencia de la vieja guardia. La ciudad es un ir y venir de contraste, el colorido, la oscuridad, la belleza, la tristeza, el amor, el desprecio. Todas estas situaciones crean un cóctel de sensaciones, una droga capaz de hacer interesante a Manila. Del infierno al paraíso, sin fronteras, dentro de la ciudad hay otra ciudad: Makati, corazón financiero, cultura y glamour en un sitio distinto. Las torres llegan al cielo y las flores visten los parques, los jardines y los balcones. La vida, es blanda o es dura, la gente actúa, Manila es un escenario importante y el show debe continuar.

Amanece un nuevo día, la tenue luz ilumina las pupilas de los niños que acaban de despertar de su incómodo letargo. La esperanza asoma en sus ojos. Un cambio de suerte, un golpe de fortuna, un brillo resplandeciente, un distinto amanecer,... Algo que resulte un cambio positivo puede darse hoy, puede darse siempre.